miércoles, 28 de octubre de 2009

La Mujer Del Soldado


Las llamaban soldaderas y, aunque nunca eran muchas, en cada fortín de la llanura bonaerense un grupo inevitable de mujeres compartía con los soldados la penosa vida de la frontera.
Se cubrían con vestidos largos y oscuros y, habitualmente, el pelo era una larga trenza rematada en un desflecado moño azul y blanco.
Algunas cargaban constantemente un niño en brazos (un futuro soldado); otras, un fusil.
Como el sargento Carmen Ledesma, suboficial con faldas que en 1874, cuando el coronel Hilario Lagos debió abandonar la jefatura del Fortín General Paz, (en la localidad de Santos Lugares) quedó al
mando de los curtidos soldados.
Pero no se debió a ese episodio la fama del sargento Carmen Ledesma, sino al hecho de que hubiera dado a luz dieciseis hijos varones y que todos sucumbieran en la lucha contra el indígena.
El último, ante sus propios ojos, mientras luchaban codo a codo en el desierto.
Fue una mañana de verano que el pequeño grupo de soldados -el cabo Angel Ledesma y su madre entre ellos- cayó en una emboscada tendida por más de un centenar de "pampas".
La lucha fue corta y feroz.
Rodeado por los indios, el cabo Angel Ledesma murió atravesado a lanzazos.
Cegada por la desesperación, Carmen Ledesma tomó el cuchillo de la cintura de su hijo
en una lucha cuerpo a cuerpo con el indio más cercano.
Rodaron por el suelo, los cubrió el polvo.

El "pampa" perdió su lanza y recurrió a las boleadoras, pero una feroz puñalada en el pecho puso fin a la lucha.
Recién entonces la mujer se permitió dar rienda suelta a sus sentimientos y, ante el respetuoso silencio de todos, incluso de los propios indios, empezó a sollozar abrazada al cadaver del muchacho.
Lo atravezó sobre su propio caballo, ató la cabeza del indígena muerto a la cola del animal y emprendió el regreso al fuerte.
Lo que todos sus camaradas grabaron esa noche en su memoria fue la silueta erguida del sargento Carmen Ledesma, sable al hombro, velando la tumba de su hijo.